Bueno este es el trabajo de un principiante así que estará lleno de errores y probablemente necesite más investigación hehe pero aquí esta de todas formas, la contraparte al escrito anterior
The Kids Are All Fucked Up!
INTRO
Noah Griffin fue concebido una calurosa noche de verano después de que Freddy Johnson lograra disuadir a Liza Griffin de ir al asiento trasero de su auto. Nació dos semanas antes del cumpleaños número 17 de Liza y fue recibido en el mundo con miradas de desaprobación de sus abuelos y la fascinación de su madre. Vivió su primer año de vida con relativa normalidad, siendo cuidado por sus abuelos mientras su madre terminaba sus estudios.
Ya entonces se podían ver los indicios de lo que sería la escabrosa vida de Noah, en detalles ínfimos como las pequeñas pulseritas que le hacía su madre y la ropa rosa que aparecía con cierta frecuencia en su vestimenta.
Su primer cumpleaños lo celebró, junto con la mayoría de edad de su madre, en una pequeña reunión familiar, como un bebe gordito y saludable, sonriendo todo el tiempo en él disfraz rosado de conejito que su madre le había conseguido, sin imaginar los sucesos que estaban afines a suceder. Tan solo unos meses después, el día de la graduación de Liza del bachillerato, esta desapareció junto con su hijo. Marchándose en busca de libertad para construir su propia vida.
Ese sería el día que Noah maldeciría años después cuando su madre le contara esa anécdota en el estupor causado por el alcohol, sentados en medio de una nube de humo compartiendo una cajetilla de cigarros.
CAPITULO 1: LOS HOMBRES NO VALEN LA PENA
Noah giró sus grandes ojos verdes en dirección de Liza, ella estaba llorando hablándole de cómo los hombres eran basura que no valía la pena, de cómo, tal vez ambos deberían rendirse con los hombres y considerar salir con mujeres. Noah, no comprendía la mitad de lo que ella decía y se limitaba a observarla fijamente y asentir como hacía usualmente cuando estas situaciones se presentaban, mientras, Liza continuaba con su discurso feminista como si hablarle a tu hijo de 5 años sobre tu ex-novio, después de encontrarlo cometiendo adulterio y causando una escena, mientras viajas en un taxi a las 2 de la mañana con todas tus pertenencias en una maleta fuera lo más normal del mundo.
Terminaron encontrando amparo en casa de Alan, uno de los amigos de Liza, donde esta continuó con su llanto, ahora siendo consolada por el otro muchacho. Noah se quedó dormido en el sillón a la mitad de otro discurso, plagado del dogmatismo de su madre, aún estaba un poco asustado por la pelea.
Fue despertado a la mañana siguiente por la voz de Alan, quien lo saludo como de costumbre con unos cinco y el saludo secreto que todos los amigos de Liza utilizaban con él.
-¿Mamá aún esta triste?-pregunto Noah con expresión de preocupación
-Ah, tu no te preocupes por eso pequeño Noah estará mejor cuando despierte-respondió mientras caminaba hacía el refrigerador y sacaba una cerveza, después de unos momentos de duda saco otra y regreso a la sala-que dices mocosito ¿Te me unes?
Le tendió la botella y Noah la tomo con naturalidad, no le agradaba del todo el sabor de esa bebida pero estaba acostumbrado a tomarla desde pequeño, además le gustaba tomar cerveza porque siempre hacía que los demás se rieran y jugaran con él. Le dio unos sorbos a la cerveza y pronto estaban los dos riendo a carcajadas y cantando junto al ahora encendido radio y tomando fotos graciosas.
Unas horas más tarde, cuando Noah ya iba en su tercera cerveza, Liza se levanto y, con la maleta en mano, se dirigió a Alan sin siquiera mirar a Noah.
-¿Podrías llevarme a esa casa que mencionabas ayer?-preguntó de forma un tanto monótona.
-Por supuesto Liza, aunque sabes que no hay prisa ¿verdad? No me importa hospedarte a ti y al peque por el tiempo que necesiten.
-No, así esta bien. Preferiría arreglar todo esto de una vez, sobretodo si la renta es tan barata como decías, más vale agandallarla ya antes de que alguien nos la gane.
Noah observo el intercambio algo mareado, ¿Se estaban cambiando de casa? Eso significaba que en verdad no regresarían con el novio de Liza, pensó feliz, ese hombre le daba mucho miedo.
CAPITULO 2: EL NIÑO RUBIO
Cerró la puerta del taxi de un portazo y le dio la mano a su madre. Estaban de pie frente a su nuevo hogar, el pequeño Noah con su piel trigueña cubierta por una sudadera rosa y unos pantalones ajustados, su cabello castaño estaba atado en una colita con una liga morada y su fleco casi tapaba sus bonitos ojos; y Liza vistiendo un vestido negro que dejaba al descubierto su pálida piel y con su cabello rubio al aire. Noah dirigió la vista a su madre a la ves que Liza lo observaba a él, los dos pares de ojos verdes se encontraron brevemente antes de que Liza avanzara hacía la casa con una mirada vacía en su rostro.
El barrio no era agradable ni la casa bonita, se encontraban en la zona pobre y peligrosa de la ciudad y, honestamente, a Noah la casa le daba algo de miedo. Pero cualquier cosa era mejor que vivir con el ex-novio de Liza así que, con una mirada solemne, se tragó su miedo y entró a la casa detrás de Liza. La casa era básicamente un cubo con dos puertas, al entrar te encontrabas frente a frente con los dos viejos sillones que conformaban la sala y, los cuales habían conseguido Liza y sus amigos en una venta de cochera junto con la mayoría de los muebles que se encontraban en la casa, unos pasos más allá de la sala se encontraba la cocina con una modesta estufa y un pequeño refrigerador. Liza paso todo de largo y se fue directo a una de las puertas, tras la cuál se encontraba el único cuarto de la casa, el cual compartirían madre e hijo. Liza cerró la puerta de la habitación dejando a Noah afuera, este ya sabía que su madre estaba en uno de sus momentos depresivos y que no importaba lo que hiciera esta no le haría caso, o en todo caso solo conseguiría que le gritara.
Observó la casa sin saber muy bien que hacer y finalmente se decidió a salir a investigar, camino con cautela por el jardín, acercándose cada vez más a la puerta de la cerca, al final con toda la valentía que pudo reunir abrió la puerta y salió de la casa observando todo con recelo. No le agradaba mucho la finta que tenia el vecindario, pero no quería estar solo en esa extraña y silenciosa casa, de alguna forma le daba más miedo que estar afuera.
Al final se sentó en la banqueta observando a su alrededor, se pregunto si Liza despertaría pronto y si, cuando despertara, se sentiría mejor y cantaría canciones con él, o lo acompañaría para que la nueva casa no le diera miedo.
Llevaba ya un buen rato pensando en eso cuando escucho un portazo en la calle de enfrente. Levantó la vista justo a tiempo para ver como un niño más o menos de su estatura se sentaba en la acera de enfrente.
Lo observo bien por un momento, era un niño muy delgado (tal ves más delgado que él), llevaba su cabello rubio en un corte casi militar y vestía un camisa gris muy sucia y parchada, así como unos shorts cortos de mezclilla, pero lo que más le llamo la atención fue la férula que tenía en su bracito derecho.
Se mordió el labio inferior, pensativo. Podría ir a hablarle e invitarlo a su casa, así ya no estaría tan solo y no le daría miedo, pero…¿Qué se suponía que debía hacer? Nunca antes había tenido que ir a hablarle a alguien, menos a un niño. Los pocos niños que había llegado a conocer por lo general le eran presentados por un adulto, y después de eso él se iba con Alan y los demás o a alguna otra parte. ¿Qué debía hacer? ¿Qué tal si el niño lo golpeaba? Y ¿Qué le diría?
Mientras se cuestionaba a sí mismo el niño levanto la vista y ambos se encontraron mirándose a los ojos fijamente. Noah estaba nervioso, ya lo había descubierto mirándolo ¿Qué pasaría? ¿Iría a pegarle o algo así? ¿O tal ves iría a presentarse? Pero permanecieron así por lo que le pareció una eternidad y ninguno se movió.
Al final, decidió continuar con su racha de valentía y se levanto con cuidado y nerviosismo, el niño era bonito así que probablemente sería amable. Mientras caminaba hacía él trató de pensar como saludarlo. ¿Qué debía decir? Estaba a punto de detenerse y correr de regreso a su casa en frenesí cuando recordó una frase que uno de los amigos de su mamá utilizaba para saludar a gente desconocida.
Se detuvo frente a él y lo observo de nuevo, ahora que lo veía de cerca noto vagamente el lunar que el chico tenía debajo de su ojo izquierdo. Le dijo, lo más naturalmente que pudo:
-¿Qué haces aquí tan solito?
El niño permaneció en silencio lo que solo ocasiono que los nervios de Noah se incrementaran, tal vez esa no era la frase correcta, aún así hizo como si no le afectara.
-¿Qué haces?-Intento de nuevo
El niño se veía tan nervioso como el se sentía
-Eh, n-nada- respondió apresurado y con un leve tartamudeo.
El recibir una respuesta y el darse cuenta de que él no era el único nervioso le dieron confianza para dar el siguiente paso.
-¿Quieres ir a mi casa a jugar?-preguntó esperanzado
El rubio se limito a voltear a su casa, inquieto. A Noah no le parecía que se viera muy convencido, así que continuó, casi desesperado.
-Tengo libros y…una muñeca y…sopa instantánea…-dijo tratando de exhortarlo con lo que pudiera tener en su casa que fuera tentador para un niño, realmente quería que lo acompañaran.
El niño volteo de nuevo a su casa y esta vez Noah noto que se veía asustado, tal vez sus papás no lo dejarían ir…no, tenia que convencerlo, además parecía que si tenía ganas de ir. Le tomo de la mano.
-Ven a mi casa-dijo haciendo una pausa, sin saber si continuar o no, al final decidió ser honesto y ver si el niño se apiadaba de él, los adultos solían decir que si cuando les decías ese tipo de cosas-es que…tengo miedo-confesó, observándolo con sus grandes ojos bien abiertos.
Un silencio se prolongo por varios segundos y Noah ya había perdido las esperanzas.
-bueno.-respondió al fin el rubio, Noah sonrió aliviado y lo guió hasta su casa.
Ya dentro el silencio seguía presente en la atmosfera y Noah ya no sabía que decir o hacer, al final recordó lo que le había dicho al niño.
-¿Quieres sopa?- pregunto con una leve sonrisa, el chico no respondió.
-Iré por sopa-dijo, más para si mismo que para el otro, corrió hacia donde su madre había dejado su mochila y saco de ahí dos sopas instantáneas, después entro a la cocina en silencio y busco por ahí el pocillo para poner agua a calentar-Yo preparare la sopa porque mamá esta dormida, esta triste porque el hombre con l que vivíamos antes y que daba miedo cometió "adulterio" y porque los hombres apestan y no valen la pena.-dijo con normalidad, mientras el agua hervía.
Cuando por fin vio las burbujitas al fondo del pocillo apago la estufa y preparo la sopa, entregándosela después al chico, quien la recibió con un dejo de nerviosismo, aunque acometió contra ella como un ave de rapiña
-yo estoy aburrido-dijo el niño con la boca llena, la frase más larga que había dicho hasta ahora- porque papa se quedo dormido y salí a pasear porque papa estaba enojado-continuo comiendo, su carita parecía concentrada en lo que diría a continuación- y la vecina lloro cuando nos fuimos, y papa le lanzó un zapato y Richard nos dio aguamiel.
Noah proceso la información, no comprendía muy bien todo lo que había dicho el chico, pero al menos sabía lo que significaban todas las palabras, que ya era ventaja a las conversasiones que escuchaba usualmente.
-¿Un zapato?-preguntó parpadeando.
-Si, mi zapato-respondió él, Noah volteó hacía abajo y noto como uno de los piecitos del niño carecía, en efecto, de zapato. Este movió los dedos de su pie, el dedo gordo asomando desde un hoyo en su calcetín.
Los dos estallaron en carcajadas sin poder detenerse.
Noah estaba impresionado, jamás se había reído tanto con otro niño y, para variar, esta vez si comprendía porque se estaban riendo, a diferencia de cómo solía suceder con Liza y compañía.
Noah estaba impresionado, jamás se había reído tanto con otro niño y, para variar, esta vez si comprendía porque se estaban riendo, a diferencia de cómo solía suceder con Liza y compañía.
Al fin dejaron de reír, Noah con lágrimas en sus ojos.
-Me caes bien-comento feliz- ¡Hare una fiesta en tu honor!–Añadió entusiasmado, repitiendo una de las frases que más escuchaba entre sus amigos adultos, siempre había querido hacer una fiesta en honor a alguien al igual que ellos
Corrió de nuevo a su mochila y saco unos discos, tomo también la grabadora que su madre había llevado consigo y salió al jardín, indicándole al otro niño que lo siguiera.
El sol se estaba metiendo y el crepúsculo iluminaba el cielo con un leve color rosa, el clima era caluroso pero a los niños no les importo.
Noah puso el disco y Twist and Shout de The Beatles se escucho desde las bocinas, comenzó a bailar y a “cantar” tomando al niño rubio de su mano sana para que lo imitara.
Siguieron bailando, divirtiéndose y riendo mientras daban vueltas tomados de las manos, iluminados por los últimos rayos de luz del día.
Noah estaba tan feliz, ¡Tenía un amigo! ¡Había salido de la casa del hombre aterrador y ahora incluso tenía un amigo! Estaban mirándose felices cuando se escucho un grito a lo lejos.
-¡Lawrence!!!!!!-resonó en la calle.
Los dos niños se quedaron helados, detenidos por el pánico que tan fácilmente le puede provocar un grito a un niño. Noah se apresuro en apagar la música, justo a tiempo para escuchar los pasos detrás de la cerca. La puerta se abrió violentamente y entro un hombre adiposo, alto, con cabello estilo militar y barba negra, sus pobladas cejas estaban ceñidas y los ojos estaban rodeados de ojeras y con sangre inyectada.
Si el ex-novio de Liza le daba miedo, este hombre era aterrador.
El sujeto avanzó furioso hacía el rubio y lo agarró bruscamente del cabello, mirándolo con una expresión llena de odio, el niño parecía al borde de un colapso. Entonces el hombre noto a Noah frente a él con sus ojos verdes abiertos de par en par y su expresión pareció cambiar un poco. En ese momento la puerta de la casa se abrió y salió Liza, aún con su vestido negro y con sus rubios cabellos perfectamente peinados, a pesar de que probablemente acababa de despertar. Observo a los dos desconocidos especulativa hasta que noto el agarre que el hombre tenía en el cabello del niño. Al ver esto su expresión se torno fría y clavó su mirada en el hombre, mirándolo con aprensión.
Este la observó a su vez, poniendo atención especial a sus curvas, Liza, consiente de se exuberante belleza, no se inmuto ante la mirada lujuriosa del otro, se limitó a pararse delante de Noah.
-Buenas tardes –dijo hostilmente, alzando una ceja- ¿que se le ofrece?
-Yo solo venia por Law-respondió al tiempo que soltaba el cabello del niño y limpiándose la mano en la camisa se la ofreció a Liza con su mejor sonrisa droga y lujuriosa, al ver la expresión tanto Law como Noah se asustaron más, él hombre continuó hablándole de forma amable y viéndole los pechos de forma pervertida.-Soy Freddie Summers y el es mi hijo Lawrence Summers
Inmediatamente después de escuchar el nombre, Liza sintió un tic en el ojo y decidió de antemano que detestaba al tipo.
-¡Ah! Ustedes los Freddies, yo soy Liza, Liza Griffin y este es mi hijo Noah.
Al momento de escuchar la palabra “hijO” Law ladeo la cabeza, su cara iluminada con entendimiento, Freddie sin embargo cambió radicalmente su sonrisa por una expresión cargada de hostilidad y odio, dirigiéndola al pequeño Noah quien, ya aterrado, al encontrar la fría mirada de Freddie con la suya se aferró con fuerza al vestido de su madre y comenzó a llorar de forma silenciosa.
El hombre miró a Liza nuevamente, la amabilidad había desaparecido de su voz.
-Nos acabamos de mudar, vivimos aquí enfrente, -dijo torpemente, se dio la vuelta y se fue, jalando a Lawrence del bracito sano, medio arrastrándolo, Law se voltea a ver a Noah con cara de desesperanza mientras este se despedía con un movimiento de la mano
-¡Te veo luego!-gritó Noah entre lagrimas.
Law empezó a llorar.
CAPITULO 3: VASOFOBÍA
Noah estaba sentado en un sillón aburrido y cansado. Estaba en una de las famosas “fiestas en honor a…” de los amigos de su madre. Estaba llorando berrinchudamente porqué no podía dormir ya que la música estaba muy fuerte y porque no tenía idea de donde estaba su mamá. Alan estaba en su rango de visión pero estaba ebrio y parecía luchar con cada fonema para comunicarse.
Ya hacía horas que habían pasado la etapa en la que el niño de 5 años bebía cerveza para entretener a los demás y esta vez incluso habían decidido que ya era lo suficientemente grande para probar los cigarros, y todos se habían reído un buen rato viéndolo atragantarse con el humo. Ahora todos estaban tomando o haciendo cosas raras en los sillones y nadie le prestaba atención a él, a nadie le importaba que estuviera llorando o que le doliera la cabeza.
Pensó en Law, y en como aún podrían estar jugando a los piratas con él si su madre no lo hubiera obligado a acompañarla a esa fiesta.
Las visitas de Law a casa de Noah se habían vuelto más y más constantes con el paso del tiempo y los dos niños se fueron haciendo muy buenos amigos. Noah estaba aprendiendo lo que en verdad significaba jugar y estaba empezando a tener una infancia relativamente normal. A Liza le agradaba mucho Law quien, una vez agarraba confianza, se volvía más abierto y divertido. Ella seguía en su fase feminista y después de ver a Law devorar su comida insistió en que Law fuera a visitar más seguido y plagó la conversación de discursos sobre infanticidio e inanición y de como el padre de Law era un cerdo inconsciente.
Aún así esto no impedía que Liza insistiera en tratar a su hijo como un accesorio y de vez en cuando, corría a Law amablemente para llevar a Noah a alguna fiesta o reunión o simplemente para pasar el rato juntos.
Usualmente tiempo “juntos” implicaba a Noah maquillado, acicalado y/o vestido como niña aprendiendo algún tip de belleza o de cómo utilizar su apariencia para su beneficio.
Y Noah, mientras más jugaba con Law menos quería pasar el tiempo con los amigos de Liza.
Y Noah, mientras más jugaba con Law menos quería pasar el tiempo con los amigos de Liza.
Dejo salir un suspiro dramático y se levantó del sillón, en busca de diversión, camino por entre los altos cuerpos de la gente ebria o drogada, su instinto le decía que evitara hablar con ellos así que ignoró a los pocos que notaron la presencia de un niño husmeando por la casa. Encontró un estante de libros en una habitación y tomó un libro de literatura llevándoselo con él hasta la cocina, se sentó en uno de los bancos y se puso a leer, No comprendía la mitad de las palabras, pero siguió leyendo de todas formas. Ya que Noah no había ido al Kínder su madre se había puesto a la tarea de enseñarle las letras y los números a una edad muy temprana y como leer, escribir y contar.
Noah estaba medio entretenido leyendo y viendo los dibujitos cuando sintió un extraño impulso de voltear hacía adelante. ¡Ahí estaba! Su mamá estaba entrando a la habitación con un tipo detrás de ella, Noah corrió hacia ella con lagrimas en los ojos y gritando:
-¡Mami! ¡mami!- se aferro de su vestido y la observo, con suplica en sus ojos.
Hubo un momento de silencio incomodo en el que él drogado cerebro del tipo proceso la palabra “Mamí”. Liza aprovecho la confusión para apartar a Noah de un jalón, se agacho junta a él y lo sujeto de los hombros.
-Noah, Ya estas muy grande como para decirme mamá no lo crees ¿No lo crees?-dijo a ella, el aliento le apestaba a alcohol y sus palabras se unían inherentemente.
Noah negó con la cabeza y no logro contestar nada cuando escucharon un portazo, el chico ebrio se había acobardado y había salido corriendo, tuvo unos breves momentos para analizar la situación antes de sentir un empujón que lo envió al otro extremo de la habitación y escuchar los gritos de su madre.
-¡Te dije que me llamaras Liza!!! ¡¿Por qué nunca me escuchas?! ¡Ya no eres un bebe Noah!-gritó lanzando un vaso que estaba en la alacena hacía la pared, este se hizo añicos justo detrás de Noah, quien estaba en el suelo petrificado del miedo, Liza dio un paso hacía la alacena abierta de quien sea que fuera esa casa y comenzó a lanzar los vasos y copas que pudiera encontrar.-¡No somos niños Noah! ¡Y nadie quiere a una vieja con un hijo! ¡Saboteas mis citas!-grito enfurecida, Noah estaba llorando, algunos vidrios se habían incrustado en sus manos y otros le habían hecho pequeñas cortadas en todo el cuerpo.
Cuando Liza se quedo sin vasos que arrojar, se encamino hacía Noah y, dejándose caer frete a el, lo comenzó a zarandear.
-¡Tienes que crecer y dejarme en paz! ¡¿Comprendes?!-Noah mantuvo su mirada en el suelo, aterrado- ¡¿COMPRENDES NOAH?!.
El pequeño levanto la cabeza con lagrimas corriendo sin cesar por sus mejillas, Liza lo observo fijamente y su mirada se perdió en los ojos verdes, iguales a los suyos, lo abrazó repentinamente, acariciándole el cabello.
-Mi Noah, eres tan bonito Noah, eres igual a mi, mi hermoso hijo-dijo con calma, todo rastro de ira olvidado.
CAPITULO 4: MARICÓN
Law y Noah comenzaron a ir la escuela a los seis años, cuando ya eran mejores amigos. Liza, literalmente había amenazado al padre de Law con llevar a alguien de servicio social si este no le permitìa a Law ir a la escuela.
La escuela era pequeña y fea, y no había demasiados niños, menos en los grados más altos, pero aún así Law y Noah terminaron en distintos grupos.
Por un año su estancia en la escuela fue pacífica, principalmente por el hecho de que todos ahí pensaban que Noah era de hecho, una niña, como Noah no hablaba mucho con nadie y estaba a cosumbrado a pensar que eso era normal ese malentendido no se aclaró. Cuando estaban en segundo de primaría, sin embargo, Noah se hizo más alto y su rostro más fino, acentuando el parecido con su madre. Pronto comenzó a llamar la atención de los chicos más grandes, lo cual llevó a uno de los eventos que más afectaron su vida.
Últimamente había sido asediado por los chicos de la escuela y esa día había salido más temprano que Law por lo cual se estaba encaminando solo a su casa, cuando repentinamente notó desde el rabillo del ojo como unos chicos mayores se acercaban a él.
- Hola princesa, ¿Qué estás haciendo tan solita?-de nuevo esa frase que escuchaba tan seguido- ¿Hoy no te acompaña tu novio ese güerito?
Noah los observo sin comprender muy bien a que se referían ni que es lo que querían de él. Noto como los chicos lo llamaban “PrincesA” pero muchos adultos solían llamarlo así, así que no le tomo importancia.
-Mmm…voy a mi casa.-respondió inseguro, su voz no delataba su género.
- ¿Te podemos acompañar linda?-dijo uno de los precoses niños, ególatramente, con una sonrisa de suficiencia en su carita.
-…no-respondió un poco intimidado y, sin saber muy bien que decir, añadió inocentemente- soy niño por cierto.
Todos se quedaron pasmados.
La sorpresa eventualmente dando paso al enojo y la humillación.
En un abrir y cerrar de ojos Noah estaba contra una pared, el sujeto levantándolo desde el cuello de su sudadera.
-Tú, estúpido maricón, ¿crees que es muy gracioso burlarte de nosotros?-dijo el tipo amenazadoramente, ocultando su vergüenza con ira.
Noah estaba asustado y no veía a nadie pasar por esa calle, súbitamente se encontró en el suelo con un dolor agudo en su estomago, solo sentía dolor.
Cuando por fin los tipos se fueron, con otro torrente de palabras que Noah no había escuchado antes, este se levanto con lentitud, lagrimas mezcladas con sangre caían en su sudadera rosa. Observó a su alrededor y noto como todas sus cosas estaban tiradas en el piso.
Recogió sus libros y continuó su camino a casa, cuando Liza lo cuestiono sobre el asunto, Noah contuvo sus lágrimas y le dijo que lo habían asaltado.
Ese fue el día que Noah se dio cuenta de lo diferente que era
CAPITULO 5: ISH LARU
Noah había cambiado mucho en esos últimos meses, ya no usaba toda la ropa que su madre le compraba y cada vez le molestaba más que su madre lo medio obligara a maquillarse. Aún así no dijo nada de las constantes golpizas que reciba en la escuela, de todas formas los tipos eran lo suficientemente inteligentes como para asegurarse de no dejar evidencia, pero tampoco permitió que las acciones de estos limitaran su vida, así que continuó usando sus sudaderas rosas y peinando su largo cabello en una cola de caballo.
Esos tiempos habían sido deprimentes para Noah y se había refugiado más que nunca en Law y en los libros que Liza le compraba. Por esa misma razón cuando su profesor les dejo de tarea escribir una historia Noah se entusiasmo tanto que paso toda la semana pensando en eso. Esmerándose y poniendo todo su ahínco en la tarea. Escribir historias le había parecido algo fascinante y había decido que se dedicaría a eso desde ese momento, sería un escritor. Y, como su maestro había dicho, todo escritor necesita un pseudónimo, un nombre secreto. Así que se paso tanto tiempo escribiendo como pensando en un posible pseudónimo.
Al fin, después de buscar en muchos libros, encontró dos nombres que le parecieron perfectos. Al momento de decidirse por esos nombres corrió a casa de Law y le dijo entusiasmado.
-¡Ish Laru!! ¡Ese será mi nombre secreto! Pero solo tú puedes usarlo ¿entendido?
CAPITULO 6: IRA
Noah caminaba a su casa por el paisaje lacustre como de costumbre cuando sintió de tras de sí las acostumbradas presencias de los abusivos de su escuela.
Estaba acostumbrado a todo eso, así que no se molestó en correr, ni siquiera sentía frustración, era una rutina más de su vida. Vio como tiraban sus cosas sin expresión alguna, su cuaderno de historias cayendo cerca de la orilla del lago. De nuevo estaba en el piso, de nuevo pateaban su abdomen, de nuevo escuchaba las palabras maricón, afeminado, gay, niñita, puto, ahora sí que las comprendía.
Era rutina.
Pero si todo era rutina porque entonces estaba Law caminando a la orilla del lago y no en la escuela. No, eso no podía ser posible, pensó Noah desesperado, Law no podía ver eso, no debía voltear, tenía que pasar de largo e ignorar al niñito maricón que estaba siendo golpeado a la orilla del rio.
Pero no se pasó de largo y no ignoro la situación, vio casi como en cámara lenta como Law volteaba en esa dirección, vio como se acercaba sin imaginarse que era a su amigo a quien estaban golpeando. Vio la expresión en el rostro de Law cuando lo reconoció y todo lo demás era un borrón en su memoria, no quería recordar los detalles de esa escena, lo único que importaba mencionar era que Law le había dado una paliza a todos esos chicos y que Noah lo había observado todo desde el piso sin saber qué hacer. Al fin reaccionó cuando ya solo quedaban dos chicos ahí uno en el piso inconsciente y otro debajo de Law siendo golpeado con una piedra.
-¡Law! ¡Detente!-gritó desesperado pero él no lo escuchaba, se levanto lo más rápidamente que su lastimado estomago le permitió y trato de detenerlo sujetándolo del brazo.
Law continuó golpeándolo furioso, Noah jamás lo había visto de esa forma, casi le habría dado miedo, sino confiara en que Law jamás lo lastimaría. Se arrodillo detrás de él y paso sus brazos alrededor de su pecho aferrándose a Law con todas sus fuerzas, tenía la cabeza apoyada en su espalda y sus lagrimas empapaban la camisa del rubio. Él comenzó a llorar también y lanzó la piedra al lago.
CAPITULO 7: ABRAZOS QUE DUELEN.
Era una noche lluviosa, y Noah aún estaba recostado en su sillón viendo la televisión, justo en la misma posición en la que estaba cuando el rubio estaba junto a él.
Había sido un día pacifico y divertido con Law.
Law.
Law era definitivamente su mejor amigo, pensó sonriendo. Gracias a él habían dejado de molestarlo en la escuela y su compañía era lo que hacía más tolerable cuidar a Liza en sus momentos de depresión.
Con Law podía hablar de sus sueños, de sus historias, de todas las cosas que a Liza no le interesaban. El comprendía. Y Noah lo comprendía a él.
Era su primer y único amigo…era invaluable.
Por esa razón cuando la puerta se abrió revelando a un Lawrence cubierto de sangre Noah supo que todo había terminado.
Lo observo con pánico, conteniendo un grito, y corrió hacia él, le levanto la cabeza desesperado.
-¡LIZA!!!-gritó histérico-¡LIZA!! ¡LAW NECESITA AYUDA!!
Lo llevaron al hospital, Noah estaba desesperado. Lo atendieron en urgencias y unas horas después lo pasaron a una habitación. Noah lo acompaño todo el tiempo, a excepción de las horas en que regresó a su casa para prepara unas cosas.
Law le había dicho muchas veces que escaparía de casa y Noah nunca respondía nada, no hacía falta decirlo. Sabía que todas esas veces había hablado enserio y esa idea, así como la imagen de Law ensangrentado en el marco de la puerta, la cual se quedaría grabada en su mente de por vida, eran lo que le animaban a armar esa mochila aunque le doliera tanto.
Observo la carita inconsciente de Law desde la silla que estaba junto a su cama, nunca había ansiado y detestado tanto algo como el despertar de Law. Pero continuó sentado, sin moverse, solo observándolo.
Cuando por fin sus parpados temblaron y sus ojos se abrieron, la habitación pareció caer en un silencio abrumador. Incluso las lágrimas de Noah caían en silencio.
-¿Dónde está Freddie?- Law fue el primero en romper el silencio
-No está aquí–.respondió Noah sin mirarlo. Law lo tomó de la mano, con una gran sonrisa en su rostro.
-ya se lo que voy a hacer Ish Laru, te voy a llevar conmigo-Eran palabras vacias, ambos sabían que no era posible, por más que quisieran que fuera distinto. Noah sujeto la mano de Law con todas sus fuerzas, como si con eso pudiera asegurarse de que se quedaría a su lado. Soltó un pequeño sollozo y lo miró a los ojos.
-No puedo-fue lo único que pudo decir Noah atreves del nudo en su garganta
Law bajo su mirada estaba sonriendo aunque lagrimas caían por sus mejillas.
-Me tengo que ir Noah
-Se lo que tienes que hacer, y me gustaría poder ir contigo Law, de verdad, e-en ve-verdad-respondió y lo abrazó, aferrándose a él con todas sus fuerzas y llorando aun más.
Cuando se soltaron Law se empieza a quitar los cables del hospital.
-nos volveremos a encontrar, te lo prometo
Law se levantó con dificultad y Noah se limito a darle la mochila con ropa y dinero y una foto de los dos. Law tomó su chamarra que estaba en el respaldo del silloncito y se quedó en la puerta varios minutos, dándose la espalda mutuamente cuando abrió la puerta ambos voltearon al mismo tiempo y Law sonrió ampliamente.
Noah trato en vano de devolver la sonrisa, y se limito a observarlo fijamente
Esa fue la última vez que lo vio...o eso creía.
Por Saddie Baruch

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